jueves, 27 de noviembre de 2008

CINE



Simplicidad que deslumbra 
 Realidad que lastima

Hace unas semanas pude asistir a una de las salas de cine de arte de nuestra ciudad y tuve el honor de poder ver en pre-estreno el nuevo filme de Fernando Eimbcke, Lake Tahoe; quedé maravillado de principio a fin, sentí que viví toda una travesía y al salir comprendí que acababa de presenciar una de aquellas cintas de las cuales al salir, podrías hablar de ella todo el tiempo; quedas asombrado, te involucras tanto; que desencadena cierto tipo de emoción inevitable.

La verdad es que, estuve pensando cual sería la mejor forma de reconocer el trabajo de quien yo considero hoy en día el mejor director de cine mexicano. Sí, y siento decepcionar a aquellos fanáticos de Iñárritu, a los seguidores de Guillermo del Toro (también maravilloso) , de Reygadas, de los Cuarón, etc.  Así que decidí dedicarle las líneas necesarias; que casi nadie le da por ser un cineasta no comercial.
Lo que veo en una cinta de Eimbcke es pasión pura; un amor incondicional a su arte, el cine. Y es que, encuentro en este realizador, una de las mejores facultades, que en mi opinión puede tener un cineasta; la simplicidad.

Pero primero lo primero, lo conocí con Temporada de Patos, cinta que nos narra lo que sucede un domingo cualquiera en el que se va la luz y cuatro personajes se ven forzados a convivir; así de sencilla la trama. Entonces ¿qué es lo que sucede? Fernando, nos permite formar parte de la vida de sus personajes; y para esto no usa diálogos pretenciosos o evidentes, tampoco música intensa / dramática y mucho menos no obliga a ver qué pasa con cada uno de los involucrados; simple  y sencillamente deja que nosotros formemos parte de la vida de sus personajes y que encontremos en sus vivencias, alegrías, tristezas, frustraciones , sueños, etc, pedazos de nosotros mismos. Y, para ésto ¿qué necesitó? un departamento en Tlatelolco y listo; no tuvo que mostrarnos a un caótico mundo infértil , ó trasladarnos a un majestuoso realismo mágico y mucho menos llevarnos de viaje por Japón, Marruecos y México uniendo historias pretenciosas y adornadas. Lo único que hace es mostrarnos la vida tal y como es, una vida que no se detiene ante nada.

Es así como sucede en su más reciente largometraje Lake Tahoe ; donde un joven choca su Tsuru rojo y en la búsqueda de un mecánico se topa con personajes llenos de historias que se cuentan con tan solo verlos y a final lo que se encuentra es la dura y fatal realidad; cosas que suceden, que duelen, pérdidas que pesan; sentimientos que gritan por dentro, que dan ganas golpearse sin cesar contra la pared ¿y eso qué es? la vida misma; emoción tras emoción.

Es en ésta travesía donde encuentro mi tan adulada simplicidad. Fernando Eimbcke nos muestra la frustración de una joven ante una decisión pasada que le cambio la vida sin la necesidad de darnos un ensayo sobre la moral y la juventud; nos muestra la soledad y dolor interno de un viejo cuya única compañía es Sica, un perro; sin llenarnos de anécdotas trilladas; también nos presenta a un chavo soñador e incomprendido, fanático de Bruce Lee y las artes marciales sin tener que utilizar diálogos barrocos o maquillados;  y desde luego nos involucra con su protagonista, nos inunda de sus pesares, de sus buenas intenciones y nos adentra a un terreno lleno de dolor; escondido en lo más profundo de su ser; todo esto sin tener que mostrarnos imágenes y diálogos explícitos.

En la filmografía de este cineasta se viven ambientes melancólicos, silencios, ritmos lentos, fades, uno que otro plano secuencia y momentos que en ocasiones podrán parecer aburridos; pero que siempre tienen una razón de ser. Nos muestra realidades sin necesidad de adornar sus historias, su fotografía o sus producciones. Lake Tahoe es sencilla y brutal como la vida misma. Todo un reto fílmico, lograr una película tan compleja en contenido pero simple en su construcción. Ahí mi tan mencionada cualidad del realizador; la mayor parte de su esencia, su pasión por el cine; tanto así que no se vende ni abarata, que no pretende, que simplemente filma y sus resultados lo dicen todo: ganador en Berlín y Sundance; partícipe en Cannes, Helsinski, San Sebastián, nominada a los Goya, distribuida en Londres y así podría seguir y seguir, peeeero.....

.....a la vez sería más irónico y doloroso puesto que en México, su país, la cinta fue vagamente distribuida y asistida (5 cines, 5 salas, 5 copias; por si querían números); se habla poco o nada de la cinta y lo más molesto aún, se enviará Arráncame la Vida  (pretenciosa, sobre actuada, sin contenido, simplemente un producto más, empapado de publicidad y desde luego;  ahí les van los nímeros: más de 40 cines, 500 copias, 100 salas. Premios= cero, película= regular/ mala) a los Óscares; que seguro no le importan en Eimbcke pero que: uno- Lo nominarían seguro y  dos- le abrirían muchas puertas, sobretodo para seguir filmando, todo esto a alguien que se dedica a hacer digno al cine mexicano mediante su inmenso talento y ¿cómo le pagamos? es de pensarse ¿no lo creen?

Yo,  le dedico éste espacio a un Eimbcke cotidiano, fresco, sencillo, original, inocente y ante todo deslumbrante.
Felicidades Fernando.....

viernes, 7 de noviembre de 2008

VISITS

clasiar


clasimexico

Fotografía


E A C H


































All photos by
Andoni Zarrabe





Fotografía


The place where everything happens...


























All photos by
Andoni Zarrabe


Fotografía


P I E C E S



































All photos by
Andoni Zarrabe



jueves, 18 de septiembre de 2008

Fotografía



Day 2




































 





















All photos by
Andoni Zarrabe










miércoles, 20 de agosto de 2008

Fotografía

DAY 1 (Part I)































All photos by Andoni Zarrabe
August 2008





domingo, 10 de agosto de 2008

Poesía


Momento

Es el turno de las ganas,
el tiempo de quienes no renunciaron
y ganaron por ello la muerte.
El tiempo de los desconocidos.
Turno de la memoria, de las hojas.


Esquinas para expulsados,
 abrazados a botellas infinitas,
ausentes de toda esperanza.
Borrador de vida, bocetos del infierno.


Ya es hora.
¡Ya es la hora!
Destrozaremos la quietud,
inventando melodías bastardas;
inundando de fe los terrenos que no tocan el río.
¡Y ya es hora....
ya es la hora!


Es el turno de las urgencias,
de los vientos que sopla el alma.
Tiempo de los inocentes,
de los traicionados, los solitarios.
Es es turno de los ojos, de las bocas y manos oxidadas.
Es las hora de los olvidados;
turno de las memorias perdidas.


¡Ya es hora...
ya es la hora!






Vida Moderna



El Reemplazo

Actualmente hemos adoptado un sedante mediocre y que a largo plazo nos deja con la sensación de que vivimos muchas cosas, pero realmente ninguna sobresale ó nos dejó una gran huella; hoy en día vivimos con el pretexto de que todo es reemplazable. Hemos dejado de estar dispuestos a dar nuestro máximo como seres humanos, porque al final de todo, no recibir el máximo es una remuneración injusta y poco digna. Llenamos nuestra vida de "reemplazos" : jóvenes prepotentes que destrozan un auto y simplemente piden otro, niños que pierden su mascota e inmediatamente sus padres les compran otra; estudiamos carreras que nos dejen millones y no aquella que en realidad nos apasiona y así vivimos día a día; con la falsa pero siempre conveniente idea de que todo puede cambiarse cuando se desee o necesite.

En cuántas ocasiones nos hemos preguntado si el amor como tal existe; si es posible que perdure; si surge por si mismo; si su llegada es producto de una búsqueda o si es realidad aquella teoría de la casualidad. Pero de qué sirve preguntarse tantas cosas si sólo tomamos esas respuestas que se ajustan a nuestras necesidades y conveniencia. Vivimos preocupados por las consecuencias; nos indignamos antes las estadísticas de divorcios; nos sentimos inseguros respecto a la fidelidad como realidad, y es así como pasamos el tiempo creyendo que aquel llamado "sentimiento más hermoso" en verdad es un generador de sufrimiento, dudas y miedos.

Llega el momento en el que nos encontramos en una relación y comenzamos a formar parte de todo lo que involucra; una sensación de felicidad acompañada del miedo a ser lastimado y es entonces cuando cometemos el primer error; arriesgamos poco y lo esperamos todo a cambio. Tiempo después elevamos nuestra apuesta, nos sentimos un poco más seguros y comenzamos a elevar nuestra apuesta pues en realidad nos sentimos felices y enamorados; hasta que llega el momento difícil: amar. Muchos abandonan en ese momento pues prefieren vivir de pequeñas y satisfactorias cosas, pero aquellos que continúan y dicen amar son puestos a prueba cuando son alcanzados por la confrontación de ciertas situaciones. Pasan cinco años de matrimonio y comienzan a brotar emociones por otra persona y entonces decidimos reemplazar a nuestra pareja pues aquella nueva adquisición nos da la sensación de que es el verdadero amor; pero ¿qué sucede años más tarde? El resultado fue que no lo era, entonces significa que necesitamos un reemplazo.

También hay relaciones largas que se ven interrumpidas porque uno desea estudiar su maestría en Europa y creemos que el destino nos separa porque no era el verdadero amor y éste seguramente se encuentra en Madrid; se tiene una relación de dos años hasta que llega el momento de regresar a nuestro país, pero no hay problema porque seguro la mujer de los sueños está en México y aunque se fue muy feliz en las relaciones pasadas, siempre creemos que habrá algo mejor.
Otros reciben grandes ofertas de trabajo, de igual forma se van a ganar en euros, libras o dólares porque el amor verdadero llegará y seguramente será mejor; aún cuando sabíamos que eramos felices. Y es así como transcurren años, se convierten en décadas y éstas en una vida a medias. Cambiamos al amor por un impulsos; por "más experiencias"; por un par de dígitos más en nuestra cuenta bancaria; pero al final nuestra "otra mitad" nunca llegó, y todo lo que tenemos son ex-parejas, ex-esposas, hijos, hijastros, etc; pero eso sí, un título enmarcado en la pared del estudio de la casa y un BMW en nuestra entrada.

En verdad es momento para reflexionar acerca de qué es lo que realmente buscamos en nuestras vidas y dejar de etiquetarnos como "seres reemplazables". Abandonemos el asombro ante un divorcio, las lágrimas producto de nuestra apodada separación por destino; es verdad que éste existe, pero no olvidemos que uno forja el propio. Arranquemos del amor la fecha de caducidad que le ponemos. Los tiempos no han cambiado, nosotros hemos cambiado; dejamos de pensar en los demás para imponer nuestros intereses y sí, llenamos nuestras vidas de cientos de experiencias, pero ninguna es tan intensa como el ahora utópico amor.  ¿Por qué hace un siglo una guerra no separaba a las parejas? ¿Por qué hace años el dinero no era motivo para finalizar una relación? ¿Por qué todo eso queda plasmado en novelas y filmes y ya nunca más se vive? Y creo que de todas las preguntas es ésta la más fácil de responder; porque la única realidad es que hoy en día vivimos del reemplazo.



viernes, 8 de agosto de 2008

Televisión



Cuando la Muerte es solo el Comienzo

Hoy tenia pensado escribir sobre cualquier momento de la vida, pero un acontecimiento televisivo ha desencadenado un sin fin de emociones, las cuales me llevan a estar un poco triste, o más bien,  desganado para la broma frívola. Aprovecho entonces mi estado de animo para conversar con ustedes, por fin, sobre Six Feet Under, para conversar sobre la muerte. 

Escribir sobre Six Feet Under trasciende un poco el plano televisivo. Se trata más bien de hablar sobre una novela filosófica planteada en cinco extensos capítulos audiovisuales. No, no exagero. Cuando recuerdo escenas sueltas de esta serie, me ocurre algo novedoso; mi cerebro cree que estoy recordando un libro, no unas imágenes en movimiento; un texto inolvidable.
A veces hay aromas tan intensos que parecen sabores. A veces hay amigos que cuentan tan bien un viaje, que más tarde, años después, creemos haber estado allí; en ese sitio que nunca hemos pisado. Y también a veces (muy pocas) hay programas de televisión tan palpables que parecen literatura, que se asemejan al puro y duro texto fatal leído por la noche; con esa hipnosis babeante que dejan las grandes obras de papel.

Cada capítulo de Six Feet Under comienza con una muerte anónima, singular, precisa y arbitraria. Todas las muertes lo son; antes de los créditos iniciales, vemos siempre a alguien que está apunto de despedirse de todo lo que conoce. No hay efectismo.
Puede ser una anciana entubada a la cama de un hospital, o la muerte súbita de un bebe de seis días , que ni si quiera sabe que existe y se deja llevar sin dolor , sin miedo; sin recuerdos. Aquí todas las muertes están llenas de pequeños azares.

Cada uno de éstos inicios de capítulo (que no duran más de 3 minutos), nos acongoja y nos predispone a lo inevitable. Nos atan a la tierra, a la vida de la que sabemos muy pocas cosas; y en los restantes cuarenta minutos, la trama te deja con los ojos en blanco.
Six Feet Under es una historia sobre nuestra muerte, la que vendrá cualquiera que sea; y nos pone frente al espejo de nuestro futuro.


Su creador, Allan ball, ensaya su propuesta de un modo simple. Nos cuenta la historia de una familia que opera una funeraria, que se codea con la muerte a diario porque ese es su negocio. Tal como un panadero amasa su pan por la mañana ó un carpintero talla sus muebles; los Fisher maquillan, recomponen y velan a aquellos que ya no son. Y mientras tanto, les ocurren cosas emparentadas con el amor, la locura, el sufrimiento y la rutina.

Éstas cosas que ocurren en Six Feet Under son pequeñas cosas, nunca grandes epopeyas. La serie esta salpicada por silencios y atmósferas; por climas y sobrentendidos. No es una serie que se pueda escuchar mientras realizamos otra actividad; tenemos que estar atentos a los detalles para encontrar la grandeza y la tenacidad del guión. Se trata de un guión paciente, nunca ansioso, que espera silente y nos da en la nuca cuando menos lo esperamos. Como la muerte.

No miento si digo (y los lectores que hayan visto la serie completa me respaldaran) que tras el final de Six Feet Under estuve días enteros como un imbécil, sin poder pensar en otra cosa, deprimido. Posiblemente es el mejor final que la televisión haya emitido.
El artefacto "tele" bien podría desparecer del mapa, porque ya ha tenido su broche de oro. Ni siquiera se merecía algo tan digno un aparato que escupe tele-realidad y se desangra con amarillismo e informativos pretensiosos. Six Feet Under le ha dado a la televisión categoría de teatro griego. 

No, no hablaré de cada una de las cinco temporadas, ni de actuaciones maravillosas, ni recomendaré una parte mas que otra. Hoy quería hablar sobre la muerte y su desesperante naturalidad; aquella que no puede ser comprendida. Del poder majestuoso de la muerte; de su desparpajo e ironía. De como baila, cotidiana y ajena a nuestro alrededor.
Hay días tristes , donde ver cuatro o cinco capítulos de la serie puede ser una excelente receta para reflexionar sobre aquellos que nos dejan para siempre. Sobre lo que siempre será un misterio hasta el último segundo; la intensidad de nuestra tristeza cuando se apaga un ser querido con el que desayunábamos a diario o compartíamos la intimidad.


A veces un programa de televisión es mucho mas que eso; es una obra de arte, un paliativo, una forma de hundirse en el "goce de estar triste" y pensar, con espanto, en esas frases desgastadas por el uso. Que estamos aquí de paso, que no somos nada, que todos nos encontraremos, más tarde o más temprano, a Seis Pies Bajo Tierra.