miércoles, 20 de agosto de 2008

Fotografía

DAY 1 (Part I)































All photos by Andoni Zarrabe
August 2008





domingo, 10 de agosto de 2008

Poesía


Momento

Es el turno de las ganas,
el tiempo de quienes no renunciaron
y ganaron por ello la muerte.
El tiempo de los desconocidos.
Turno de la memoria, de las hojas.


Esquinas para expulsados,
 abrazados a botellas infinitas,
ausentes de toda esperanza.
Borrador de vida, bocetos del infierno.


Ya es hora.
¡Ya es la hora!
Destrozaremos la quietud,
inventando melodías bastardas;
inundando de fe los terrenos que no tocan el río.
¡Y ya es hora....
ya es la hora!


Es el turno de las urgencias,
de los vientos que sopla el alma.
Tiempo de los inocentes,
de los traicionados, los solitarios.
Es es turno de los ojos, de las bocas y manos oxidadas.
Es las hora de los olvidados;
turno de las memorias perdidas.


¡Ya es hora...
ya es la hora!






Vida Moderna



El Reemplazo

Actualmente hemos adoptado un sedante mediocre y que a largo plazo nos deja con la sensación de que vivimos muchas cosas, pero realmente ninguna sobresale ó nos dejó una gran huella; hoy en día vivimos con el pretexto de que todo es reemplazable. Hemos dejado de estar dispuestos a dar nuestro máximo como seres humanos, porque al final de todo, no recibir el máximo es una remuneración injusta y poco digna. Llenamos nuestra vida de "reemplazos" : jóvenes prepotentes que destrozan un auto y simplemente piden otro, niños que pierden su mascota e inmediatamente sus padres les compran otra; estudiamos carreras que nos dejen millones y no aquella que en realidad nos apasiona y así vivimos día a día; con la falsa pero siempre conveniente idea de que todo puede cambiarse cuando se desee o necesite.

En cuántas ocasiones nos hemos preguntado si el amor como tal existe; si es posible que perdure; si surge por si mismo; si su llegada es producto de una búsqueda o si es realidad aquella teoría de la casualidad. Pero de qué sirve preguntarse tantas cosas si sólo tomamos esas respuestas que se ajustan a nuestras necesidades y conveniencia. Vivimos preocupados por las consecuencias; nos indignamos antes las estadísticas de divorcios; nos sentimos inseguros respecto a la fidelidad como realidad, y es así como pasamos el tiempo creyendo que aquel llamado "sentimiento más hermoso" en verdad es un generador de sufrimiento, dudas y miedos.

Llega el momento en el que nos encontramos en una relación y comenzamos a formar parte de todo lo que involucra; una sensación de felicidad acompañada del miedo a ser lastimado y es entonces cuando cometemos el primer error; arriesgamos poco y lo esperamos todo a cambio. Tiempo después elevamos nuestra apuesta, nos sentimos un poco más seguros y comenzamos a elevar nuestra apuesta pues en realidad nos sentimos felices y enamorados; hasta que llega el momento difícil: amar. Muchos abandonan en ese momento pues prefieren vivir de pequeñas y satisfactorias cosas, pero aquellos que continúan y dicen amar son puestos a prueba cuando son alcanzados por la confrontación de ciertas situaciones. Pasan cinco años de matrimonio y comienzan a brotar emociones por otra persona y entonces decidimos reemplazar a nuestra pareja pues aquella nueva adquisición nos da la sensación de que es el verdadero amor; pero ¿qué sucede años más tarde? El resultado fue que no lo era, entonces significa que necesitamos un reemplazo.

También hay relaciones largas que se ven interrumpidas porque uno desea estudiar su maestría en Europa y creemos que el destino nos separa porque no era el verdadero amor y éste seguramente se encuentra en Madrid; se tiene una relación de dos años hasta que llega el momento de regresar a nuestro país, pero no hay problema porque seguro la mujer de los sueños está en México y aunque se fue muy feliz en las relaciones pasadas, siempre creemos que habrá algo mejor.
Otros reciben grandes ofertas de trabajo, de igual forma se van a ganar en euros, libras o dólares porque el amor verdadero llegará y seguramente será mejor; aún cuando sabíamos que eramos felices. Y es así como transcurren años, se convierten en décadas y éstas en una vida a medias. Cambiamos al amor por un impulsos; por "más experiencias"; por un par de dígitos más en nuestra cuenta bancaria; pero al final nuestra "otra mitad" nunca llegó, y todo lo que tenemos son ex-parejas, ex-esposas, hijos, hijastros, etc; pero eso sí, un título enmarcado en la pared del estudio de la casa y un BMW en nuestra entrada.

En verdad es momento para reflexionar acerca de qué es lo que realmente buscamos en nuestras vidas y dejar de etiquetarnos como "seres reemplazables". Abandonemos el asombro ante un divorcio, las lágrimas producto de nuestra apodada separación por destino; es verdad que éste existe, pero no olvidemos que uno forja el propio. Arranquemos del amor la fecha de caducidad que le ponemos. Los tiempos no han cambiado, nosotros hemos cambiado; dejamos de pensar en los demás para imponer nuestros intereses y sí, llenamos nuestras vidas de cientos de experiencias, pero ninguna es tan intensa como el ahora utópico amor.  ¿Por qué hace un siglo una guerra no separaba a las parejas? ¿Por qué hace años el dinero no era motivo para finalizar una relación? ¿Por qué todo eso queda plasmado en novelas y filmes y ya nunca más se vive? Y creo que de todas las preguntas es ésta la más fácil de responder; porque la única realidad es que hoy en día vivimos del reemplazo.



viernes, 8 de agosto de 2008

Televisión



Cuando la Muerte es solo el Comienzo

Hoy tenia pensado escribir sobre cualquier momento de la vida, pero un acontecimiento televisivo ha desencadenado un sin fin de emociones, las cuales me llevan a estar un poco triste, o más bien,  desganado para la broma frívola. Aprovecho entonces mi estado de animo para conversar con ustedes, por fin, sobre Six Feet Under, para conversar sobre la muerte. 

Escribir sobre Six Feet Under trasciende un poco el plano televisivo. Se trata más bien de hablar sobre una novela filosófica planteada en cinco extensos capítulos audiovisuales. No, no exagero. Cuando recuerdo escenas sueltas de esta serie, me ocurre algo novedoso; mi cerebro cree que estoy recordando un libro, no unas imágenes en movimiento; un texto inolvidable.
A veces hay aromas tan intensos que parecen sabores. A veces hay amigos que cuentan tan bien un viaje, que más tarde, años después, creemos haber estado allí; en ese sitio que nunca hemos pisado. Y también a veces (muy pocas) hay programas de televisión tan palpables que parecen literatura, que se asemejan al puro y duro texto fatal leído por la noche; con esa hipnosis babeante que dejan las grandes obras de papel.

Cada capítulo de Six Feet Under comienza con una muerte anónima, singular, precisa y arbitraria. Todas las muertes lo son; antes de los créditos iniciales, vemos siempre a alguien que está apunto de despedirse de todo lo que conoce. No hay efectismo.
Puede ser una anciana entubada a la cama de un hospital, o la muerte súbita de un bebe de seis días , que ni si quiera sabe que existe y se deja llevar sin dolor , sin miedo; sin recuerdos. Aquí todas las muertes están llenas de pequeños azares.

Cada uno de éstos inicios de capítulo (que no duran más de 3 minutos), nos acongoja y nos predispone a lo inevitable. Nos atan a la tierra, a la vida de la que sabemos muy pocas cosas; y en los restantes cuarenta minutos, la trama te deja con los ojos en blanco.
Six Feet Under es una historia sobre nuestra muerte, la que vendrá cualquiera que sea; y nos pone frente al espejo de nuestro futuro.


Su creador, Allan ball, ensaya su propuesta de un modo simple. Nos cuenta la historia de una familia que opera una funeraria, que se codea con la muerte a diario porque ese es su negocio. Tal como un panadero amasa su pan por la mañana ó un carpintero talla sus muebles; los Fisher maquillan, recomponen y velan a aquellos que ya no son. Y mientras tanto, les ocurren cosas emparentadas con el amor, la locura, el sufrimiento y la rutina.

Éstas cosas que ocurren en Six Feet Under son pequeñas cosas, nunca grandes epopeyas. La serie esta salpicada por silencios y atmósferas; por climas y sobrentendidos. No es una serie que se pueda escuchar mientras realizamos otra actividad; tenemos que estar atentos a los detalles para encontrar la grandeza y la tenacidad del guión. Se trata de un guión paciente, nunca ansioso, que espera silente y nos da en la nuca cuando menos lo esperamos. Como la muerte.

No miento si digo (y los lectores que hayan visto la serie completa me respaldaran) que tras el final de Six Feet Under estuve días enteros como un imbécil, sin poder pensar en otra cosa, deprimido. Posiblemente es el mejor final que la televisión haya emitido.
El artefacto "tele" bien podría desparecer del mapa, porque ya ha tenido su broche de oro. Ni siquiera se merecía algo tan digno un aparato que escupe tele-realidad y se desangra con amarillismo e informativos pretensiosos. Six Feet Under le ha dado a la televisión categoría de teatro griego. 

No, no hablaré de cada una de las cinco temporadas, ni de actuaciones maravillosas, ni recomendaré una parte mas que otra. Hoy quería hablar sobre la muerte y su desesperante naturalidad; aquella que no puede ser comprendida. Del poder majestuoso de la muerte; de su desparpajo e ironía. De como baila, cotidiana y ajena a nuestro alrededor.
Hay días tristes , donde ver cuatro o cinco capítulos de la serie puede ser una excelente receta para reflexionar sobre aquellos que nos dejan para siempre. Sobre lo que siempre será un misterio hasta el último segundo; la intensidad de nuestra tristeza cuando se apaga un ser querido con el que desayunábamos a diario o compartíamos la intimidad.


A veces un programa de televisión es mucho mas que eso; es una obra de arte, un paliativo, una forma de hundirse en el "goce de estar triste" y pensar, con espanto, en esas frases desgastadas por el uso. Que estamos aquí de paso, que no somos nada, que todos nos encontraremos, más tarde o más temprano, a Seis Pies Bajo Tierra.